Me encanta el oficio de escritora. Lo disfruto en todos sus matices y es lo que me hace feliz. Pero a veces tengo la sensación de andar picando piedra. ¡Qué duro es! Cada pequeña cosa la sufre una en propias carnes, casi como si de un parto se tratara. Cada cosa, por diminuta que sea, lleva consigo mil pasos y mil esperas y a veces a una le da el bajón. Cada día intentando mover ficha. Un contacto puede llevar en el futuro a que alguien se acuerde de ti y te proponga algo interesante. Una historia inspirada puede ser fundamental pero detrás de cada una de ellas hay un proceso laborioso de documentación, creación, corrección... y luego intentar que lo que has escrito se publique. Bueno, publicar hoy en día es más fácil que nunca (todo el mundo puede acceder a Bubok y hay mil iniciativas más de autoedición)lo difícil es que alguien crea que merece la pena publicar lo que una ha escrito. Esa es la lucha y creo que eso es con lo que todos/as soñamos.
Siguen adelante los preparativos del día 11. ¡¡¡Una de las infantas estará presente en la entrega de premios en la que he de leer el acta de los ganadores!!! ¡Ainsssssss, qué nervios! Tendré que leer en un teatro abarrotado de gente. Pero la verdad es que me hace también mucha ilusión. Se acerca el día imparable. Ya queda menos. Tictac tictac tictac.
Por cierto, la foto es de mi diploma del certamen "Sonrisa de Gato" que me ha llegado por correo hace un ratito. Estas son las diminutas cosas que animan a seguir.