viernes, 7 de noviembre de 2014
TRES LÍNEAS
Hace unos meses los escritores Hugo Asperilla y Elena Montesinos me invitaron a colaborar en un interesante proyecto literario. Se trataba de un experimento epistolar del que formábamos parte un total de siete personas. Me dieron un personaje y una carta que contestar, todo un reto. Tuve que meterme en el papel de una mujer que nada tenía que ver conmigo y la experiencia resultó muy gratificante. Aprovecho desde aquí para agradecer la oportunidad, ha sido un verdadero placer.
jueves, 16 de octubre de 2014
LO DEJO
No sé si va a ser por mucho o poco tiempo, si por semanas o meses, pero dejo de escribir ahora y de momento y, sobre todo, me bajo del mundo editorial. Pronto se cumplirán diez años desde que empecé en esto de la escritura "en serio", por decirlo de alguna manera, y ha llegado el momento de parar. Hay muchas razones y ninguna, nada en particular, la acumulación de cosas que no me gustan en este mundillo, la fatiga de llamar a puertas que no se abren, el desengaño al ver cómo funcionan las cosas, el hastío de estar siempre en el punto de partida... En fin, que estos días me encuentro en pleno curso de Egiptología y no tengo tiempo para casi nada, y que además no me apetece ponerme a escribir. Estoy desilusionada y, sobre todo, cansada.
No creo que sea algo definitivo, para qué engañarnos, lo de la escritura es un virus del que es difícil zafarse, pero el planteamiento será diferente. El balance de todo este tiempo ha sido positivo (dos novelas, seis antologías conjuntas, varios premios, algún dinero...) pero no tengo muy claro que merezca la pena todo el trabajo que hay detrás. ¿Una crisis? ¿Las musas me han abandonado? Tal vez lo primero, nunca he creído en las musas sólo en el trabajo de cada día y he trabajado tanto que me he cansado. Tirando de frase hecha, el tiempo dirá.
No creo que sea algo definitivo, para qué engañarnos, lo de la escritura es un virus del que es difícil zafarse, pero el planteamiento será diferente. El balance de todo este tiempo ha sido positivo (dos novelas, seis antologías conjuntas, varios premios, algún dinero...) pero no tengo muy claro que merezca la pena todo el trabajo que hay detrás. ¿Una crisis? ¿Las musas me han abandonado? Tal vez lo primero, nunca he creído en las musas sólo en el trabajo de cada día y he trabajado tanto que me he cansado. Tirando de frase hecha, el tiempo dirá.
sábado, 6 de septiembre de 2014
NEWS
Lo bueno de tener varios frentes abiertos es que cuando menos te lo esperas salta la liebre. Me explico. Conozco escritores que con una sola novela o relato piensan que ya está todo hecho. Pretenden que lo primero que han escrito y llevado a editoriales o concursos dé sus frutos y hasta que eso ocurre no vuelven a mover ficha. Error.
Los tiempos en este mundillo son muy lentos y uno no puede esperar a que una editorial le responda para enviar esa novela a otra. Más que nada porque raramente las editoriales responden si no es que quieren publicar la obra. El caso es ir escribiendo, moviendo cosas, diversificando... Y así te encuentras que, mientras tienes varios relatos a la espera de fallo en otros tantos concursos, una de las dos novelas que tienes en danza le interesa a alguien que la quiere publicar.
El pasado 1 de septiembre un editor se puso en contacto conmigo para saber si una de mis novelas se había publicado ya. Se trata de la novela negra que escribí en 2013. No, no se ha publicado (con los tiempos que corren lo raro sería que sí). Pues bien, había pasado la primera criba y se la iba a leer el director de la editorial para ver qué tal. Me explicaron condiciones y me dijeron que en breve me dirían algo. Ayer, cuatro días después, recibo otra llamada de la misma persona para comunicarme que la novela le ha gustado mucho y me propone publicarla. En estos momentos sopeso pros y contras. Es una editorial pequeña con todo lo que eso supone. Así que, a lo mejor, en unos días tengo nuevo contrato editorial. Os cuento.
Los tiempos en este mundillo son muy lentos y uno no puede esperar a que una editorial le responda para enviar esa novela a otra. Más que nada porque raramente las editoriales responden si no es que quieren publicar la obra. El caso es ir escribiendo, moviendo cosas, diversificando... Y así te encuentras que, mientras tienes varios relatos a la espera de fallo en otros tantos concursos, una de las dos novelas que tienes en danza le interesa a alguien que la quiere publicar.
El pasado 1 de septiembre un editor se puso en contacto conmigo para saber si una de mis novelas se había publicado ya. Se trata de la novela negra que escribí en 2013. No, no se ha publicado (con los tiempos que corren lo raro sería que sí). Pues bien, había pasado la primera criba y se la iba a leer el director de la editorial para ver qué tal. Me explicaron condiciones y me dijeron que en breve me dirían algo. Ayer, cuatro días después, recibo otra llamada de la misma persona para comunicarme que la novela le ha gustado mucho y me propone publicarla. En estos momentos sopeso pros y contras. Es una editorial pequeña con todo lo que eso supone. Así que, a lo mejor, en unos días tengo nuevo contrato editorial. Os cuento.
lunes, 1 de septiembre de 2014
NUEVOS ANTIGUOS PROYECTOS
Este verano ha sido muy intenso. La maternidad es bastante absorbente y los hijos necesitan tiempo y dedicación, más en verano que no hay cole y les puede el aburrimiento. Pero no todo va a ser niños, familia y descanso. También ha habido finales y nuevos principios. Después de acabar la primera escritura de mi nueva novela llegó el momento de decidir cuál iba a ser el siguiente proyecto. Los escritores siempre tenemos ideas en un cajón y muchas veces he estado deseando poner el punto final a una historia para embarcarme en la siguiente. Esta vez no.
Así que me puse a reescribir relatos de los muchos que tengo escritos, a deshechar otros y a acabar los que están a medias pensando en nuevos concursos a los que presentarme. Mientras lo hacía he estado pensando en qué iba a ser lo próximo. Hay algunas cosas esperando a que llegue el momento de contarlas pero nada perentorio. Por eso he decidido darle una nueva oportunidad a mi novela inacabada La hija del escriba, aquella que empecé hace mucho tiempo y que dejé esperando, aquella que retomé y volví a abandonar pero nunca del todo. Incluso tiene su blog http://lahijadelescriba.blogspot.com.es/ por si os interesa saber más.
El fin de semana lo he pasado en Madrid y entre los muchos amigos a los que he visto está el escritor Carlos Hugo Asperilla al que tal vez conozcáis por su novela Rosas blancas para Wolf ganadora del Yoescribo.com de novela en 2007 y reeditada por La Esfera de los Libros. Con él fui a visitar el templo de Debod, buscando inspiración y nuevas motivaciones para ponerme una vez más con mi eterna novela sobre el Antiguo Egipto. Con él, también, he podido conversar sobre libros, proyectos, ilusiones y decepciones. Y para poner el broche de oro a nuestro encuentro un bocata de calamares frente a la estación de Atocha. He vuelto con las baterías cargadas para encarar el mes de septiembre con ganas.
Así que me puse a reescribir relatos de los muchos que tengo escritos, a deshechar otros y a acabar los que están a medias pensando en nuevos concursos a los que presentarme. Mientras lo hacía he estado pensando en qué iba a ser lo próximo. Hay algunas cosas esperando a que llegue el momento de contarlas pero nada perentorio. Por eso he decidido darle una nueva oportunidad a mi novela inacabada La hija del escriba, aquella que empecé hace mucho tiempo y que dejé esperando, aquella que retomé y volví a abandonar pero nunca del todo. Incluso tiene su blog http://lahijadelescriba.blogspot.com.es/ por si os interesa saber más.
El fin de semana lo he pasado en Madrid y entre los muchos amigos a los que he visto está el escritor Carlos Hugo Asperilla al que tal vez conozcáis por su novela Rosas blancas para Wolf ganadora del Yoescribo.com de novela en 2007 y reeditada por La Esfera de los Libros. Con él fui a visitar el templo de Debod, buscando inspiración y nuevas motivaciones para ponerme una vez más con mi eterna novela sobre el Antiguo Egipto. Con él, también, he podido conversar sobre libros, proyectos, ilusiones y decepciones. Y para poner el broche de oro a nuestro encuentro un bocata de calamares frente a la estación de Atocha. He vuelto con las baterías cargadas para encarar el mes de septiembre con ganas.
jueves, 7 de agosto de 2014
PROCESOS
Antes los veranos quedaban archivados en el recuerdo por la inicial de los sitios a los que iba de vacaciones, igual que los años eran para mí cursos escolares. Ahora, cuando los días pasan tan deprisa que me cuesta situar los recuerdos y en ocasiones debo acudir a las viejas agendas, cada veranos se corresponde con el periodo de escritura de alguno de mis libros.
El de 2009 fue el verano de El Café de la Luna, cuando pasé todo el mes de agosto encerrada en mi estudio para darle forma a unos textos que había ideado como cuentos para enviar a un concurso literario y que acabaron convertidos, según mi editor Josep Forment, en una novela, mi segunda novela. A continuación hubo un par de años de divagar, del miedo a enfrentarme a un nuevo proyecto porque no me veía capaz, de una novela histórica que sigo teniendo pendiente. 2012 fue el año de mi primera novela negra y 2013 el de un proyecto de terror-fantasía (ambos buscan editorial, por cierto) y de nuevo el verano me permitió dedicarme a fondo a ellos.
Este verano de 2014 está siendo el verano de mi novela sobre la posguera española, ese proyecto tanto tiempo postergado. Sí, porque siempre quise escribir sobre ello. Cuando en 2008 publiqué mi primera novela, El Susurro de los Árboles, muchos lectores me preguntaron por qué la dictadura chilena y no la española que me tocaba mucho más de cerca. No lo sabía. Quizás me daba miedo enfrentarme a mis fantasmas del pasado, sufrir. Quería escribir pero no encontraba el pretexto, la historia que me llevara a ese tiempo, el hilo desde el que empezar a desenredar la madeja de la que saldría la trama. Una lagartija me dio la solución. A partir de ese momento me embarqué en un proceso de documentación arduo y apasionante, como casi todos. Esta vez, además, ese proceso me ha llevado a encontrar documentos que hablan de mi abuelo y algunas fotografías de él y mi abuela.
La historia que estoy contando es del todo imaginada pero no puedo evitar saltearla con algunos de los recuerdos de ese tiempo que me ha ido transmitiendo mi familia, anécdotas que no quiero que se olviden. Será mi pequeño homenaje a mi abuelo. Como siempre desde que empecé a escribir, lo hago porque me gusta, al igual que otros hacen ganchillo o calceta o maquetas de barcos. Cuando me embarco en un proyecto nunca pienso en si mi historia llegará a publicarse aunque siempre albergo esa esperanza. Pero lo que realmente me importa es el proceso en sí, desde que nace la idea hasta que la doy por finalizada, ver como va creciendo hasta culminar en la escritura. Sobre esos cimientos se levanta mi carrera literaria, si puedo llamarla así, si no es demasiada pretensión. Cada relato, cada historia, nacen de una necesidad personal de contar algo. Esta vez, el viaje al pasado, la necesidad de una reparación que no llega, me han llevado a vivir momentos muy emocionantes aunque también de miedo porque muchas veces no he sabido qué me podía encontrar. Pero por encima de todo, la experiencia está siendo muy enriquecedora y me está haciendo muy feliz. El verano de 2014 ya tiene el título de una historia con el que pasará a formar parte de mi recuerdo.
El de 2009 fue el verano de El Café de la Luna, cuando pasé todo el mes de agosto encerrada en mi estudio para darle forma a unos textos que había ideado como cuentos para enviar a un concurso literario y que acabaron convertidos, según mi editor Josep Forment, en una novela, mi segunda novela. A continuación hubo un par de años de divagar, del miedo a enfrentarme a un nuevo proyecto porque no me veía capaz, de una novela histórica que sigo teniendo pendiente. 2012 fue el año de mi primera novela negra y 2013 el de un proyecto de terror-fantasía (ambos buscan editorial, por cierto) y de nuevo el verano me permitió dedicarme a fondo a ellos.
Este verano de 2014 está siendo el verano de mi novela sobre la posguera española, ese proyecto tanto tiempo postergado. Sí, porque siempre quise escribir sobre ello. Cuando en 2008 publiqué mi primera novela, El Susurro de los Árboles, muchos lectores me preguntaron por qué la dictadura chilena y no la española que me tocaba mucho más de cerca. No lo sabía. Quizás me daba miedo enfrentarme a mis fantasmas del pasado, sufrir. Quería escribir pero no encontraba el pretexto, la historia que me llevara a ese tiempo, el hilo desde el que empezar a desenredar la madeja de la que saldría la trama. Una lagartija me dio la solución. A partir de ese momento me embarqué en un proceso de documentación arduo y apasionante, como casi todos. Esta vez, además, ese proceso me ha llevado a encontrar documentos que hablan de mi abuelo y algunas fotografías de él y mi abuela.
La historia que estoy contando es del todo imaginada pero no puedo evitar saltearla con algunos de los recuerdos de ese tiempo que me ha ido transmitiendo mi familia, anécdotas que no quiero que se olviden. Será mi pequeño homenaje a mi abuelo. Como siempre desde que empecé a escribir, lo hago porque me gusta, al igual que otros hacen ganchillo o calceta o maquetas de barcos. Cuando me embarco en un proyecto nunca pienso en si mi historia llegará a publicarse aunque siempre albergo esa esperanza. Pero lo que realmente me importa es el proceso en sí, desde que nace la idea hasta que la doy por finalizada, ver como va creciendo hasta culminar en la escritura. Sobre esos cimientos se levanta mi carrera literaria, si puedo llamarla así, si no es demasiada pretensión. Cada relato, cada historia, nacen de una necesidad personal de contar algo. Esta vez, el viaje al pasado, la necesidad de una reparación que no llega, me han llevado a vivir momentos muy emocionantes aunque también de miedo porque muchas veces no he sabido qué me podía encontrar. Pero por encima de todo, la experiencia está siendo muy enriquecedora y me está haciendo muy feliz. El verano de 2014 ya tiene el título de una historia con el que pasará a formar parte de mi recuerdo.
martes, 29 de julio de 2014
ESCRIBIENDO, ¿QUÉ SI NO?
Sigo aquí, escribiendo. A veces sin demasiadas ganas. Muy a menudo planteándome si merece la pena seguir. Con la ilusión por escribir intacta. Con ganas de seguir escribiendo. Pero cada vez con menos pretensiones. Si cuando empecé no las tenía, si me puse a escribir sin pensar que algún día conseguiría publicar algún libro, ahora que ya voy por el octavo (dos exclusivos y seis antologías compartidas con otros autores) veo cada vez más complicado seguir adelante. No corren buenos tiempos para nada ni para nadie. La gran palabra que nos agobia: crisis. Pero sigo escribiendo.
Desde que en 2005 escribí El Susurro de los árboles no he dejado de escribir aunque las desilusiones se han ido sucediendo. Por suerte también han llegado nuevas ilusiones y, casi siempre, cuando más tocada estoy me llega una "señal" de que debo seguir escribiendo. Esto es como una maldición. Una no puede dejar de ser lo que es. Por eso, aunque me planteo la publicación como algo muy lejano, en estos dos años he escrito dos novelas y la que estoy a punto de terminar. He reducido al mínimo las colaboraciones, los actos sociales y casi todo lo que tiene que ver con el mundo editorial. El desgaste estaba siendo enorme y los resultados escasos, por no decir nulos. Como dice mi amigo Ricardo Gómez, el escritor ha de defender su escritura escribiendo. Eso y que no se hacer casi nada más.
Desde que en 2005 escribí El Susurro de los árboles no he dejado de escribir aunque las desilusiones se han ido sucediendo. Por suerte también han llegado nuevas ilusiones y, casi siempre, cuando más tocada estoy me llega una "señal" de que debo seguir escribiendo. Esto es como una maldición. Una no puede dejar de ser lo que es. Por eso, aunque me planteo la publicación como algo muy lejano, en estos dos años he escrito dos novelas y la que estoy a punto de terminar. He reducido al mínimo las colaboraciones, los actos sociales y casi todo lo que tiene que ver con el mundo editorial. El desgaste estaba siendo enorme y los resultados escasos, por no decir nulos. Como dice mi amigo Ricardo Gómez, el escritor ha de defender su escritura escribiendo. Eso y que no se hacer casi nada más.
viernes, 11 de julio de 2014
A JOSEP FORMENT, IN MEMORIAM
Querido Josep,
Te has ido. Todavía trato de digerir la noticia de tu partida. No me puedo creer que ya nunca más recibiré uno de tus mails y que ya no podré volver a quedar contigo en el Virreina. Ahora sólo me queda el recuerdo, un recuerdo breve pero intenso de tu paso por mi vida. Te conocí en el 2010. Nos puso en contacto por mail Esther Gassol después de decirme que tenía un cuñado que era editor y que le había hablado de mí. Fue una de esas cosas inesperadas que te alegran la vida. Me pediste que te mandara algo para saber cómo escribía y yo te mandé un texto en el que estaba trabajando, una recopilación de relatos muy personales que iba a presentar a un concurso, El Café de la Luna era su título provisional.
Por aquel entonces yo colaboraba en Onda Cero y los viernes estaba en Barcelona y quedamos en que te avisaría para vernos y tomar algo. Así lo hice. Pasamos un par de horas charlando. Daba gusto oírte hablar. Yo te escuchaba pensando, "sí, muy interesante pero, ¿para qué me contará todo esto?". Entonces me dijiste, "y ahora vamos a hablar de literatura: quiero publicar tu libro". Casi me da algo. "He leído menos de la mitad pero si sigue así quiero publicarlo". Aquel día hice el programa de radio con una sonrisa de felicidad en los labios. No dije nada, prudente y desconfiada como soy, pero me ilusioné como siempre suelo hacerlo.A partir de ahí vinieron meses de incertidumbre, yo no preguntaba, tú intentabas defender mi libro frente a los otros miembros de la editorial que no lo veían del todo claro. Lo mejor de esos meses fueron nuestras charlas en el Virreina, tus consejos, tu sabiduría, todo lo que transmitías con tus palabras. Nos hicimos amigos.
Preguntando sobre ti en el mundillo me decían que se te conocía por ser una excelente persona, Esther me aseguró que mi libro saldría adelante si te habías comprometido, que tenía que pasar algo muy grave para que no fuera así. Y salió. Y lo presentamos juntos. Y viví a tu lado algunos de los mejores momentos de mi vida.
¿Qué puedo decir de ti? Eras amable, educado, culto, apasionado, inteligente, modesto, amabas la literatura, te hacías querer... El miércoles cuando leí la noticia de tu muerte me vine abajo. En un momento en el que todo es tan difícil que me planteo día sí día también si dejarlo, tu marcha, el perder a la persona que creyó en mí y me dio una oportunidad me deja un poco huérfana. Yo nunca he creído en mí, tampoco demasiado en El Café de la Luna, pero que tu creyeras, que alguien como tú apostara por nosotros me dio alas. Ahora me siento como si me las hubieran cortado. Dos días después trato de digerirlo, se me llenan los ojos de lágrimas cada vez que pienso en ti. Hubiera ido a tu funeral, ayer fui a Barcelona pensando en ir al tanatorio, pero no me he visto capaz, tampoco hoy de ir al funeral. Hubiera querido pasar más tiempo contigo, poder despedirme de ti...
Hoy miro la agenda y me doy cuenta de que hace casi un año que no quedábamos. Recuerdo que la última vez que nos vimos te dije que sentía que me tenías olvidada y tú reconociste que tenía razon, que tenías tanto trabajo que no llegabas a todo y que prometías enmendarlo. Te eché de menos en el club de lectura que hice en marzo, hasta me enfadé un poco contigo. Ahora estoy enfadada conmigo por no haber insistido más, porque ya es tarde, te has ido. Las primeras veces nunca se olvidan y tú fuiste mi primer editor y tuve la gran suerte de que así fuera. Nunca te olvidaré, Josep Forment, te quedas para siempre en mi corazón. Gracias por todo.
Foto: detalle de una imagen tomada por Javier Coria.
Te has ido. Todavía trato de digerir la noticia de tu partida. No me puedo creer que ya nunca más recibiré uno de tus mails y que ya no podré volver a quedar contigo en el Virreina. Ahora sólo me queda el recuerdo, un recuerdo breve pero intenso de tu paso por mi vida. Te conocí en el 2010. Nos puso en contacto por mail Esther Gassol después de decirme que tenía un cuñado que era editor y que le había hablado de mí. Fue una de esas cosas inesperadas que te alegran la vida. Me pediste que te mandara algo para saber cómo escribía y yo te mandé un texto en el que estaba trabajando, una recopilación de relatos muy personales que iba a presentar a un concurso, El Café de la Luna era su título provisional.
Por aquel entonces yo colaboraba en Onda Cero y los viernes estaba en Barcelona y quedamos en que te avisaría para vernos y tomar algo. Así lo hice. Pasamos un par de horas charlando. Daba gusto oírte hablar. Yo te escuchaba pensando, "sí, muy interesante pero, ¿para qué me contará todo esto?". Entonces me dijiste, "y ahora vamos a hablar de literatura: quiero publicar tu libro". Casi me da algo. "He leído menos de la mitad pero si sigue así quiero publicarlo". Aquel día hice el programa de radio con una sonrisa de felicidad en los labios. No dije nada, prudente y desconfiada como soy, pero me ilusioné como siempre suelo hacerlo.A partir de ahí vinieron meses de incertidumbre, yo no preguntaba, tú intentabas defender mi libro frente a los otros miembros de la editorial que no lo veían del todo claro. Lo mejor de esos meses fueron nuestras charlas en el Virreina, tus consejos, tu sabiduría, todo lo que transmitías con tus palabras. Nos hicimos amigos.
Preguntando sobre ti en el mundillo me decían que se te conocía por ser una excelente persona, Esther me aseguró que mi libro saldría adelante si te habías comprometido, que tenía que pasar algo muy grave para que no fuera así. Y salió. Y lo presentamos juntos. Y viví a tu lado algunos de los mejores momentos de mi vida.
¿Qué puedo decir de ti? Eras amable, educado, culto, apasionado, inteligente, modesto, amabas la literatura, te hacías querer... El miércoles cuando leí la noticia de tu muerte me vine abajo. En un momento en el que todo es tan difícil que me planteo día sí día también si dejarlo, tu marcha, el perder a la persona que creyó en mí y me dio una oportunidad me deja un poco huérfana. Yo nunca he creído en mí, tampoco demasiado en El Café de la Luna, pero que tu creyeras, que alguien como tú apostara por nosotros me dio alas. Ahora me siento como si me las hubieran cortado. Dos días después trato de digerirlo, se me llenan los ojos de lágrimas cada vez que pienso en ti. Hubiera ido a tu funeral, ayer fui a Barcelona pensando en ir al tanatorio, pero no me he visto capaz, tampoco hoy de ir al funeral. Hubiera querido pasar más tiempo contigo, poder despedirme de ti...
Hoy miro la agenda y me doy cuenta de que hace casi un año que no quedábamos. Recuerdo que la última vez que nos vimos te dije que sentía que me tenías olvidada y tú reconociste que tenía razon, que tenías tanto trabajo que no llegabas a todo y que prometías enmendarlo. Te eché de menos en el club de lectura que hice en marzo, hasta me enfadé un poco contigo. Ahora estoy enfadada conmigo por no haber insistido más, porque ya es tarde, te has ido. Las primeras veces nunca se olvidan y tú fuiste mi primer editor y tuve la gran suerte de que así fuera. Nunca te olvidaré, Josep Forment, te quedas para siempre en mi corazón. Gracias por todo.
Foto: detalle de una imagen tomada por Javier Coria.
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