
Con trabajo se puede llegar a donde uno quiera, estoy convencida. Tal vez se tarda más que de otras maneras pero merece la pena. Y para que no se diga seguimos trabajando y que no falte. La semana pasada, el jueves, nueva cita con el editor. La cosa sigue adelante y si todo sale según lo previsto "El café de la Luna" será una realidad a principios del año que viene. Los tiempos de este oficio son más largos, siempre lo digo, debe de ser una percepción mía. Pero no queda tanto, ya estamos casi en marzo y en cuanto me dé cuenta tendré entre las manos a mi nuevo hijito de papel, lo estoy deseando. En cuanto al primogénito, "El susurro de los árboles", me sigue dando alegrías. El viernes pasado me di el gustazo de dedicar dos ejemplares para dos lectoras que lo habían adquirido. Hoy, otro gustazo, desde la editorial me han mandado unos cuantos ejemplares que "deseaban regalarme". Desconozco los motivos pero, en cualquier caso, agradezco el detalle porque me van a ir muy bien. Los 50 que correspondían al premio los regalé casi todos (lo cual me costó las críticas de mi Salieri particular que anda empeñado en vender libros aunque para ello tenga que recurrir a todos los métodos habidos y por haber de edición, co-edición y pago por participar en concursos). En fin, que hoy cuando he recibido la caja con esos ejemplares de la que fue mi primera novela me ha hecho mucha ilusión y he recordado aquel día de octubre de 2008 cuando lo tuve por primera vez en mis manos.